Siempre recordaré el mes de mayo cuando me visitaste, y vaya sorpresa que me diste, aún suspiro por ese beso ardiente que nos dimos, cuando de repente deslizamos nuestras manos enérgicas entre nuestros cuerpos, hasta que logré palpar tu clítoris como nunca nadie lo había hecho, perdiéndonos en unos besos apasionados.
Subimos al segundo piso, totalmente asustados y nerviosos desnudándonos completamente y confundiendo nuestros cuerpos en uno solo, naufragando al borde del éxtasis, pensando en la sublimidad de nuestro amor dentro de aquel nido de pasión.
En medio de mis movimientos me fui inclinando y aproveche para abrir el tan prometido regalito, Ohhh!! ¡Era la primera vez que la veía, estaba ardiente y jugosa, yo absorbí ese néctar preliminar a tu explosión femenina, por fortuna nadie nos interrumpía en esos momentos indescriptibles.
Subimos al segundo piso, totalmente asustados y nerviosos desnudándonos completamente y confundiendo nuestros cuerpos en uno solo, naufragando al borde del éxtasis, pensando en la sublimidad de nuestro amor dentro de aquel nido de pasión.
En medio de mis movimientos me fui inclinando y aproveche para abrir el tan prometido regalito, Ohhh!! ¡Era la primera vez que la veía, estaba ardiente y jugosa, yo absorbí ese néctar preliminar a tu explosión femenina, por fortuna nadie nos interrumpía en esos momentos indescriptibles.
Mi amor me facilitaste e incitaste a saborearla y alcancanzando a recorrer con mis labios todo tu ser, durante unos momentos inolvidables.
Recuerdo que yo estaba jadeante y mis piernas temblaban, pero mis deseos se desbordaban de placer; luego bajamos al primer piso para continuar nuestra sesión de amor apoderándonos en forma atrevida de todos los ambientes y muebles, quisiste susurrar algo pero te lo impedí por unos momentos para que pudieras degustarla, desbordándome de placer mientras sentía tu cálida boca y tus manos que me acariciaban tiernamente.
Al terminar nuestra larga sesión de amor, nuestros cuerpos estaban cubiertos por un manto de felicidad, tus piernas se contoneaban pero mis brazos eran tu apoyo.
La fantasía erótica de tener sexo en aquel lugar, era un poco difícil de realizar, porque no encontrábamos, el momento adecuado, pero la verdad, me sorprendió mucho que sucediera, en aquel lugar, hora y día preciso donde pude darte aquel regalo por esa fecha tan especial.
Al terminar nuestra larga sesión de amor, nuestros cuerpos estaban cubiertos por un manto de felicidad, tus piernas se contoneaban pero mis brazos eran tu apoyo.
La fantasía erótica de tener sexo en aquel lugar, era un poco difícil de realizar, porque no encontrábamos, el momento adecuado, pero la verdad, me sorprendió mucho que sucediera, en aquel lugar, hora y día preciso donde pude darte aquel regalo por esa fecha tan especial.
Al escribir estos hechos, me imagino que cuando te encuentres leyendo sentirás que las maripositas te suben y bajan por el interior de tus tetas hasta tu ombligo y tus pezones se exaltaran dibujándose en tu rostro una sonrisa coqueta y unas gotitas lúbricas resbalaran para humedecer tu tanga.
